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LIBROS PARA LÍDERES

Por Jesús Gómez Espejel

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Resumen del libro
La Brújula Interior

Por Alex Rovira Celma

Síntesis y comentarios por Jesús Gómez Espejel

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Introducción

Este libro ha sido escrito para aquellos buscadores e insatisfechos inteligentes que día a día intensifican la luz del camino por el que andan. De uno de los grandes autores dentro del panorama del crecimiento personal y el coach empresarial. Motivador, escritor y conferenciante. A mi personalmente me gusta ver y oír los pensamientos de Alex Rovira tanto en su canal de YouTube como en la plataforma IVOOX.

La brújula interior es un libro diferente, nos invita a salir de nuestro letargo, nos despierta de esa pesadilla, y nos enseña que la vida es más de lo pudiéramos imaginar, nos incita a ir en la búsqueda de ese yo interior, de ese niño que alguna vez fuimos y se quedó olvidado en algún rincón de nuestro pasado. La brújula interior es un libro original, sorprendente y por encima de todo distinto: un nuevo paradigma para entendernos a nosotros mismos y a los demás. A través de una serie de cartas divertidas, apasionantes y lúcidas, se abre a los ojos del lector una nueva perspectiva para entender la vida, para desarrollar la creatividad, para comprender mejor lo que significa una existencia autónoma y feliz.

Los términos ‘misión’, ‘meta’, ‘objetivos’, ‘posicionamiento’ forman parte del trabajo habitual de un ejecutivo o directivo. Pero curiosamente estas palabras rara vez son utilizadas para la definición de una misión en la propia vida, de un posicionamiento personal o de unos objetivos que lleven a la propia realización. La brújula interior nos invita a reflexionar sobre estos temas, y nos brinda las herramientas para hacerlo, y lo que es más importante, nos ofrece un método para que recobremos algo que nunca debimos haber perdido: ser los directores de nuestra propia vida.

Es un mapa para encontrar la salida a esos callejones cerrados en los que tantas personas se encuentran. Es una obra que logra la complicidad inmediata, escrita con tono cercano. Es un libro que puede leerse con poca luz externa porque ésta ya emerge de sus páginas.

Cada segundo que vivimos es un momento nuevo y único del universo, un momento que jamás volverá… Y ¿qué es lo que enseñamos a nuestros hijos? Pues, les enseñamos que dos y dos son cuatro, que París es la capital de Francia. ¿Cuándo les enseñaremos, además, lo que son?

A cada uno de ellos deberíamos decirle: ¿Sabes lo que eres? Eres una maravilla. Eres único. Nunca antes ha habido ningún otro niño como tú. Con tus piernas, con tus brazos, con la habilidad de tus dedos, con tu manera de moverte. Quizá llegues a ser un Shakespeare, un Miguel Ángel, un Beethoven. Tienes todas las capacidades. Sí, eres una maravilla. Y cuando crezcas, ¿serás capaz de hacer daño a otro que sea, como tú, una maravilla? «Hay que ganarse la vida», una frase perversa, de las más frecuentemente citadas por los enfermos terminales, según Elisabeth Kübler-Ross, la principal autoridad mundial sobre el acompañamiento a enfermos terminales: «Me ganaba la vida… pero no la vivía.»

Decir que nos tenemos que ganar la vida implica partir de la premisa de que la vida está perdida. «El hecho de que una opinión la comparta mucha gente no es prueba concluyente de que no sea completamente absurda.» BERTRAND RUSSELL He aquí una historia contenida en el libro: ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe? Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas.

Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse con él, y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: «¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe? Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: «¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?». Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?». Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones.

Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota le dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?. Todo lo que a primera vista parece un contratiempo, puede ser un disfraz del bien. Y lo que parece bueno a primera vista puede ser realmente perjudicial. Tomado del libro “Sadhana, un camino de oración“, del místico y sacerdote católico Anthony de Mello (1931-1987).

La OMS ha hecho público que la depresión es la primera causa de discapacidad en el mundo y es el origen del 27 % de las discapacidades que se registran cada año. Se prevee un incremento de hasta un 50 % en el número de personas que se veran afectadas por la depresión en los proximos 25 años.

La OMS alerta que los transtornos mentales se convertiran en breve en el principal problema de los países desarrollados o en vías de desarrollo, los transtornos más comunes en los servicios de urgencias médicos son los emocionales como la angustia y la depresión. Las personas no han encontrado sentido en sus vidas, por eso corren constantemente buscándolo. Piensan en el próximo coche, en la próxima casa, en el próximo trabajo. Y después descubren que esas cosas también están vacías, y siguen corriendo. ¿Para qué vives? Lo que importa es que sientas que vives tu vida, que estés en paz con tu interior y que contribuyas abiertamente a crear una sociedad mejor.

“Tu trabajo es descubrir tu trabajo y luego entregarte a él con todo tu corazón.” Deja de hacer las cosas que te alejan de tu felicidad. Sólo tú puedes decidir qué hacer con el tiempo que se te ha dado. Te propongo que te escribas una carta en la que expliques cómo te sientes, lo que ya no quieres y estás dispuesto a cambiar, la vida que deseas y con qué intensidad quieres que se convierta en realidad, con qué recursos cuentas para conseguirlo y fírmala. Sólo triunfa en el mundo quien se levanta y busca las circunstancias, y las crea si no las encuentra. Vivir las circunstancias como amenazas o como oportunidades es una elección. Hay quien gasta el dinero que no tiene comprando cosas que realmente no necesita.

Compra tantas cosas que… ¡tiene que vender su alma para pagarlas! El futuro depende principalmente de tu capacidad de generar cambios en ti y en tus circunstancias y de tu capacidad y voluntad para pasar de ser efecto a ser causa. La mayoría de las respuestas que todos ansiamos están en nosotros. Buscamos una brújula exterior, cuando la mayor parte de las veces, es interior. Ahí, en esa intuición que todos tenemos pero que muchas veces nos negamos a ver o aceptar se encuentra el rumbo el cual debemos seguir. A partir de ahora, me daré más atención, llevaré una libreta pequeña o grabadora y apuntaré todo deseo, fantasía e idea que surja en mi cabeza en el momento más inesperado y cuya realización me haga sentir más feliz.

Este libro está compuesto por una serie de 25 cartas con sus posteriores reflexiones por parte del autor, dirigidas a otro y luego a si mismo, (que en realidad son todas a si mismo), hacen muy especial su lectura.

En la carta 8 el autor deja una Posdata que resulta motivadora: “A veces a los intrépidos, a los que arriesgan, a los que rompen una pauta, a los que van a la contra, a los que hacen las cosas de una manera diferente, a los que se permiten mirar de una manera distinta, a los que se escuchan de verdad, a los que viven su vida (y, por cierto, dejan que los demás vivan la suya), a los bohemios, a los rebeldes, a los que van contra el sistema, a los que hacen lo que les apetece y disfrutan con ello sin hacer daño a los demás… a todos ellos se les insulta diciéndoles que son unos inconscientes, cuando probablemente son los más conscientes, los que están más en contacto con su verdadero Yo y se dan el permiso de expresarlo”.

Destaco la Carta11. Básicamente trata de hacernos ver que debemos reconciliarnos con la realidad, es decir, muchas veces lo que vemos es lo que vemos, pero no lo que es. Nuestra mente con sus creencias, educación y cultura, racionaliza las cosas y toma la percepción que más le conviene, no la que es. Lo que para unos es una desgracia para otros es otra cosa; lo que algunos consideran un atasco, para otros es un lindo paseo en coche. Por lo tanto, veremos oportunidades en nuestra vida SÓLO si nosotros las creamos, si estamos preparados y si tenemos la actitud correcta.

“Tu principal condicionante” (Carta 12). La reflexión que hace el autor con la fábula del patito feo. Creyendo ser un pato toda su vida, cuando en realidad era un bello y majestuoso cisne, nadie le dijo lo que era en realidad… Solamente pudo reencontrarse a si mismo cuando así lo decidió; es decir, cuando reconoció realmente su ser. Esto es lo que les sucede a muchos humanos. Brillante párrafo de la Carta15: “La felicidad tiene que ver con la posesión de otra clase de bienes… Bienes del alma. Es el placer de vivir disfrutando lo que uno hace, día a día, instante a instante, aquí y ahora.”

La Carta 25 es una llamada a gritos a la COHERENCIA: … “no puedes solicitar la confianza de los demás si eres incapaz de confiar en ti.” Frases del libro: “Vivir cuesta muy poco, pero podemos complicarlo tanto como queramos”. “Lo que des de ti, se transformará en tu riqueza”. “La diferencia entre oír y escuchar puede marcar, incluso en un acto en apariencia intrascendente, una enorme diferencia en el resultado final”. “Sé lo mejor de lo que eres y no aparentes ser más de lo que puedes ser”. “Encadenado a una actitud de miedo, uno se convierte en esclavo. Sólo eres libre si te arriesgas”. “Ser humano es ser emocional. Somos seres emocionales. A los hombres supuestamente fuertes o se les acaba partiendo el corazón o hace lo propio con el corazón de los demás”. “Cuando logramos aceptarnos como somos y decidimos mostrarnos, todo empieza a funcionar”.

La felicidad sólo llega cuando no somos objetos de otros, sino sujetos de nosotros mismos”. Muchos recurren a las circunstancias para escudarse y descargar insatisfacciones que les exculpen de cualquier responsabilidad sobre el rumbo de su vida. Álex Rovira apuesta por aquellos que son consecuentes con su «corazón» más que con su «cabeza» en la búsqueda de la identidad personal. El corazón es el «gran aliado» del éxito humano. Para ello, Rovira exhibe frases escuchadas a mucha gente en primera persona y anotadas a lo largo de sus experiencias profesionales y personales. Todas ellas anhelaban fervientemente algo; pocos se atrevieron a hacer caso a la llamada del «gran aliado»: «Yo quería ser empresaria, montar comercios, boutiques de moda para la mujer. Pero en aquel momento lo tenía fácil para entrar en la Administración y ahora soy funcionaria». Y también: «Lo mío siempre han sido los animales: los caballos y los perros, concretamente. Pero estaba tan mal visto ser veterinario, así que estudié derecho, como mis hermanos mayores, mi padre, mi tío y mi abuelo».

A estos individuos se podría aplicar esa frase perversa que Rovira resume de la siguiente forma: «Me ganaba la vida… pero no la vivía». La vida está ganada de antemano para quienes son consecuentes con su corazón porque todo lo que emana de él tiene el sello de la autenticidad.

Álex Rovira recoge las palabras del anciano Morrie Schwartz, en la obra «Martes con mi viejo profesor» de Mitch Albom: «Haz las cosas que te salen del corazón. Cuando las hagas no estarás insatisfecho, no tendrás envidia, no desearás cosas de otra persona. Por lo contrario, lo que recibirás a cambio te abrumará».

Más adelante Rovira cita también la obra del brasileño Paulo Coelho, «El alquimista», en cuyo texto se resume el mensaje que el autor quiere expresar: – ¿Por qué hemos de escuchar al corazón?, preguntó el muchacho. La respuesta es concluyente: – Porque donde él esté, estará tu tesoro.

El problema radica, como dice este especialista, en que «nos oímos pero no nos escuchamos». Todos experimentamos un ronroneo interior que nos seduce gratamente pero con el que no nos atrevemos a coquetear por temor a caer rendidos a sus encantos. Tenemos miedo a ser lo que somos. Por este motivo, el mayor combate que debe librar y vencer el hombre es consigo mismo.

Detrás de esas conductas hay razonamientos paralizantes en los que hay una clara aversión al riesgo en las que prevalece lo malo conocido a lo bueno por conocer. No nos gusta lo que somos pero no tenemos agallas de coger otra alternativa. Nos asusta el cambio. Así, mucho talento oculto queda malogrado al no embarcarse en proyectos estimulantes que están a la espera de ser botados y quedan amarrados en puerto seguro sin zarpar por temor a la incertidumbre del oleaje. Además, quien no escucha a su corazón no sólo se desaprovecha así mismo, sino que igualmente priva del deleite a los espectadores y beneficiados de un desempeño bien realizado por alguien que disfruta con lo que hace. Alejarnos de nuestra propia felicidad es también motivo de insatisfacción para los demás.

No hay nada peor en esta vida que el «talento malgastado». Todos contamos con un don singular en alguna parcela o materia; somos especiales haciendo algo, destacamos y los demás aprecian este talento característico; tenemos destreza y lo pasamos bien con ello, experimentamos una sensación agradable; ahí generalmente es donde somos diferentes a la mayoría. Nos diferenciamos; y nos diferenciamos porque la pasión mueve los hilos de la excelencia. Por el contrario, cuando no existe sintonía entre lo que uno siente «internamente» y lo que manifiesta «externamente» es difícil rendir como se espera de nosotros. Autorrealización es sinónimo de máximo rendimiento.

Calidad es sinónimo de disfrute. El entusiasmo es un ingrediente esencial de la perfección. Sólo aquellos que les corre pasión por las venas –esto se aprecia habitualmente en profesiones artísticas– están en disposición de alcanzar cotas elevadas. Rovira utiliza otra de sus fuentes de inspiración, Rabindranath Tagore: «Tu trabajo es descubrir tu trabajo… y luego entregarte a él con todo tu corazón».

Este experto nos sugiere que en lugar de centrarnos en aquellas parcelas menos amables de nuestra persona hay que poner la vista en aquella «ventaja competitiva» que nos diferencia y hace que seamos únicos: Se trata de buscar e identificar nuestras fortalezas, incluyendo las habilidades olvidadas. No se trata de luchar contra las debilidades, sino de transformar y hacer crecer las habilidades positivas, actualizando su potencial.

Las que tenemos y las que tuvimos, pero descuidamos. Vamos a desempolvarlas y ponerlas en forma en nuestro yo, aquí y ahora. Ello nos hará tomar conciencia de que somos mucho más capaces de lo que creemos. Tan sólo se trata de que recordemos y actualicemos ese potencial». El ejercicio de autorreflexión es inevitable para quitarle el polvo a nuestras inquietudes más ocultas. Con frecuencia cambiamos de trabajo, de compañeros, de jefes, de sector… y seguimos igual. Más de lo mismo. Séneca ya lo advertía: «No hay buen viento para quien no sabe a dónde va».

La ausencia de objetivos definidos es siempre argumento recurrente para explicar el descontento que nos invade. Por el contrario, quien cuenta en su agenda con un proyecto ilusionante, los inconvenientes se transforman en retos; las trabas, en desafíos; y los contratiempos, en fases de aprendizaje.

Entre los principales enemigos de la autorreflexión Rovira cita la pereza, los convencionalismos o las prisas; y achaca a este último aspecto como uno de los más perjudiciales para nuestra ventura personal. Entenderse, conocerse y saber lo que se quiere exige tiempo, calma y reflexión, algo sólo alcance de quienes saben parar el reloj, desconectar el móvil y alejarse con inteligencia de la realidad inmediata.

La palabra «urgente» y el «ruido» nos torturan a cada instante alejándonos de esa felicidad cotidiana que todos anhelamos fervientemente. Para comprender esta realidad Rovira cita nuevamente a Morrie Schwartz en «Martes con mi viejo profesor»: «Una parte del problema (…) es la prisa que tiene todo el mundo. Las personas no han encontrado sentido en sus vidas por eso corren constantemente buscándolo. Piensan en el próximo coche, en la próxima casa, en el próximo trabajo. Y después descubren que esas cosas están vacías, y siguen corriendo».

El valor del «silencio» es ensalzado como un manantial de crecimiento personal. Tierra fértil que hace emanar la parte más noble de cada individuo. Sólo en esas circunstancias, cuando la soledad del silencio hace acto de presencia, es posible «autoencontrarse». El silencio, «el sonido más fuerte» como lo calificó Lao–Tse, golpea nuestra parte latente, adormecida y anestesiada por la masa, para despertarla y ponerle alas. Poner freno a los perturbadores del silencio, es la salida al deleite en la actividad profesional. Sólo si se realiza una auditoría de autorreflexión sincera es posible poner en funcionamiento los cauces necesarios para llegar a donde uno realmente desea poner los pies.

Un diagnóstico personal acertado es el mejor revulsivo para un caminar feliz. En este peregrinaje hacia nuestro ser más profundo, la paciencia es subrayada por Rovira como una herramienta básica a todo proceso descubrimiento personal. A la madurez se tarda tiempo en llegar. Ya es complejo mirar al corazón, mucho más ver hechos realidad nuestros sueños. Ninguna carrera de éxito se escribe de la noche a la mañana.

A algunos –los que hacen poco y hablan mucho– pudiera parecerles que sí, pero eso es una percepción errónea, ya que cuando uno coge entre las manos cualquier biografía que ha dejado huella en la historia descubre que en el backstage de cualquier proyecto ambicioso hay una capacidad de espera admirable. No pain, no gain, que dicen los anglosajones. Todo reto que merece la pena exige una fase de reposo cargado de perseverancia y espera. Pico y pala, y mucha paciencia. A pesar de todo, la paciencia parece exiliada en nuestro diccionario personal.

La inmediatez es un gran enemigo de la eficacia. La paciencia es un excelente cómplice del triunfo. Álex Rovira nos advierte también que en nuestra búsqueda interior es mejor no dejarse apabullar por eslóganes del momento; los convencionalismos de la época que nos arrastran a asumir compromisos en los que no estamos interesados. El éxito no es lo que los demás nos dicen que es el éxito. El éxito es lo que para cada uno es importante. El éxito es estar contento con quien uno es. No es fácil.

La sociedad proclama determinados valores que a veces chocan con lo que la persona realmente desea para sí mismo y que hay que tener el coraje de autoproclamar. En cierto modo existe una dependencia de la aceptación social generalizada de la que no es sencillo sacudirse. El aplauso social nos abruma y nos despista de nuestro carril. Ello implica tener una personalidad madura y segura para emprender caminos a menudo poco transitados. Ser uno mismo tiene un coste emocional notable, el rechazo social. El que se aparta del rebaño es visto como un bicho raro.

Al hablar de esta cuestión Álex Rovira lo explica con gran agudeza: «A veces a los intrépidos, a los que arriesgan, a los que rompen una pauta, a los que van a la contra, a los que hacen las cosas de una manera diferente, a los que se permiten mirar de una manera diferente, a los que se escuchan de verdad, a los que viven su vida, a los bohemios, a los rebeldes, a los que van contra el sistema, a los que hacen lo que les apetece y disfrutan de ello sin hacer daño a los demás… a todos ellos se les insulta diciéndoles que son unos inconscientes cuando probablemente son los más conscientes, los que están más en contacto con su verdadero yo y se dan el permiso de expresarlo». Sobran las palabras.

 

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